En las primeras jornadas del año, en las esquinas de tiendas de abarrotes, cerca de centros laborales y en los sitios de costumbre, se repite una escena común: una persona solicita una cajetilla de cigarros, escucha el monto y se detiene un instante, como procesando la nueva realidad económica.
Un impacto que trasciende el bolsillo
Desde el 1 de enero, el precio del tabaco aumentó hasta en 16 pesos por paquete, una modificación que no solo encareció el producto, sino que reactivó un debate interno entre los fumadores de Parral: continuar con el hábito, disminuirlo o abandonarlo por completo. El ajuste tomó con la guardia baja a muchos consumidores, particularmente entre jóvenes y adultos con años de dependencia al cigarro.
Para algunos, el cigarrillo sigue siendo parte esencial de su rutina diaria; para otros, el efecto en sus finanzas personales y el recordatorio constante de los daños a la salud han abierto una brecha de duda.
Entre la costumbre y la decisión
Gonzalo, quien lleva tres décadas fumando, enciende su cigarro diario con la misma naturalidad de siempre. Consume entre dos y tres al día y, pese a reconocer que el desembolso ha crecido, no contempla dejarlo.
“El vicio es el vicio”
, afirma con resignación. Para él, el incremento es una molestia, no un motivo para cambiar de vida. Asegura que, sin importar el costo, encontrará la forma de seguir adquiriendo sus cajillas.
Entre hombres de entre 18 y 30 años entrevistados, varios coinciden en que el impacto económico ya se siente. Algunos destinan hasta 300 pesos semanales a comprar cigarros, un monto que ahora exige una administración más cuidadosa del dinero, especialmente en un periodo del año en el que abundan otros gastos.
Reflexiones tras décadas de hábito
José Luis González, un adulto mayor, mantiene una rutina casi inamovible: un cigarro tras cada comida, costumbre que conserva por más de 30 años. Admite que el alza afectará su economía, aunque no muestra sorpresa.
“Es un vicio que tenemos”
, comenta. Revela que inició el 2026 con la misma cajetilla que terminó en 2025, por lo que aún no ha enfrentado directamente el nuevo precio. Sin embargo, reconoce que el incremento también lo ha hecho reflexionar sobre su salud y la posibilidad de moderar su consumo.
El empujón necesario
En contraste, Daniel, trabajador local y fumador desde hace cerca de 20 años, reaccionó de forma distinta al enterarse del ajuste. Su gasto semanal ronda también los 300 pesos, y al saber que su marca preferida, Marlboro Rojo, subió de 87 a 103 pesos, adoptó una postura contundente.
“Hay que dejarlo, definitivamente, mejor hay que dejarlo”
, repite con firmeza. Para él, el aumento fue el impulso que necesitaba para replantearse su relación con el tabaco.
El incremento en el precio del tabaco no representa únicamente una medida de carácter fiscal, sino un punto de inflexión para muchos consumidores. Mientras algunos se aferran al cigarrillo como una costumbre difícil de romper, otros comienzan a interpretar el alza como una oportunidad para reducir o abandonar un hábito que afecta tanto su economía como su bienestar físico.
En las calles de Parral, el humo sigue elevándose, pero cada bocanada ahora viene acompañada de una pregunta ineludible: ¿realmente vale lo que cuesta?