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Un 23 de enero, el trágico adiós de Héctor Hernández, ícono del fútbol rojiblanco

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Un 23 de enero de 1984 marcó un profundo duelo en el futbol mexicano con la muerte de Héctor Hernández García, conocido cariñosamente como “El Chale”, una de las figuras más brillantes en la historia de Chivas. Nacido en Guadalajara el 6 de diciembre de 1935, su trayectoria comenzó en las canchas de la Liga Interparroquial y se consolidó tras su paso por las divisiones inferiores del Club Oro. Su debut en Primera División fue en el torneo 1953-54, donde rápidamente destacó al anotar su primer gol frente a Toluca. Dos años más tarde, en 1955-56, se coronó como goleador del campeonato con 25 anotaciones.

El ídolo del Campeonísimo

En la temporada 1958-59, Hernández llegó a Club Deportivo Guadalajara, cumpliendo un sueño personal. Ahí alcanzó su máximo esplendor futbolístico, convirtiéndose en pieza fundamental del legendario equipo conocido como el Campeonísimo. A lo largo de su paso por el Rebaño, conquistó seis títulos de liga, ganándose el cariño eterno de la afición. Más que un goleador, “El Chale” era un delantero integral: poseía regate, gambeta, caños, sombreritos, bicicletas y una calidad técnica excepcional que también lo hacía letal en las asistencias. Su estilo vistoso y ofensivo no solo cautivó a los seguidores rojiblancos, sino que lo convirtió en una figura popular en todo el país.

Brillo en la Selección Nacional

Su talento también trascendió a nivel internacional. Debutó con la Selección Mexicana el 7 de abril de 1957 y representó a México en las Copas del Mundo de Suecia 1958 y Chile 1962. Una de sus marcas más notorias fue su efectividad ante Costa Rica, a la que le anotó cinco goles en un solo encuentro, lo que le valió el apodo de “Verdugo de Costa Rica”. Después de su etapa como jugador con Chivas, tuvo un breve paso por un equipo de Nuevo León en 1967-68 antes de retirarse del juego activo.

Un final trágico

Su vínculo con el fútbol continuó como entrenador, dedicado a formar nuevas generaciones. Sin embargo, su vida se truncó de forma abrupta el 23 de enero de 1984, cuando falleció en un accidente de autobús mientras dirigía a los Loros de Colima. Entre los 27 pasajeros, fue la única víctima mortal, muriendo a causa de una fractura de cráneo. A más de cuarenta años de su partida, su figura permanece como un pilar en la identidad de Chivas, recordado como un símbolo de talento, garra y magia en las canchas.

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“El Chale”