En los alrededores del muro que divide Israel de Cisjordania, objetos como zapatos, abrigos y cuerdas permanecen atrapados en los alambres, testimonios silenciosos de quienes intentan cruzar de forma clandestina tras perder sus permisos de trabajo. Desde octubre de 2023, cientos de miles de palestinos que laboraban en ciudades israelíes como Jerusalén quedaron sin acceso legal al empleo, lo que ha profundizado la crisis económica en la región.
Impacto laboral y humanitario
Marouf Al Rifai, asesor del gobernador palestino en Jerusalén Este, detalla que tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, Israel canceló los permisos a cerca de 180.000 trabajadores procedentes de Cisjordania. Antes de ese momento, estos permisos, válidos de uno a seis años, permitían a miles de palestinos emplearse en sectores clave como la construcción y la limpieza.
“Tras el 7 de octubre de 2023, Israel decidió denegar el permiso a los cerca de 180.000 trabajadores palestinos de Cisjordania que trabajan en Jerusalén y en otras ciudades de Israel en sectores como la construcción y la limpieza”, explica a EFE Marouf Al Rifai, asesor del gobernador palestino en Jerusalén Este.
La pérdida de ingresos ha dejado a muchas familias en una situación de extrema vulnerabilidad.
“La situación de todas estas familias ahora es muy precaria y complicada. No tienen casi ni dinero para comprar comida. Algunos vienen desesperados a mi oficina, pero poco podemos hacer desde la Autoridad Palestina”, agrega.
Aumento de la vigilancia y riesgo de muerte
En el poblado de Al Ram, al noreste de Jerusalén, en el lado palestino del muro, se han intensificado los intentos de cruce ilegal. Grupos de mafias organizan estos pasos, cobrando hasta 200 dólares por trasladar a los trabajadores a secciones con menor vigilancia. Sin embargo, el Ejército israelí ha incrementado su presencia, realizando incursiones diarias y utilizando bombas de gas.
“Hay irrupciones casi a diario del Ejército, que lanza bombas de gas. Todo esto nos ha afectado profundamente, ha alterado nuestra vida cotidiana y la de nuestros hijos, que antes bajaban a jugar a la calle y ahora ya no pueden hacerlo. Además, circula gente extraña que no es del barrio”, cuenta una vecina palestina, de 38 años, cuya casa está cerca de uno de los puntos de cruce.
A sus pies aún se observan granadas de gas recientes, evidencia del constante enfrentamiento.
La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) ha documentado al menos 16 muertes y más de 240 heridos desde octubre de 2023 en intentos de saltar el muro. Solo en 2025, seis palestinos fueron asesinados y 162 heridos. Entre el 6 y el 19 de enero de este año, tres resultaron heridos por balas reales y uno fue agredido físicamente por fuerzas israelíes.
Redes de contrabando y dependencia económica
Las mafias operan en ambos lados del muro, aprovechándose de la desesperación. Al Rifai señala que estas redes prometen rutas seguras y empleos al otro lado, aunque con altos riesgos. Mientras tanto, Israel ha firmado acuerdos con países como Tailandia e India para reemplazar la mano de obra palestina, aunque muchos empresarios israelíes aún prefieren contratar trabajadores palestinos por su experiencia.
“Desde 1948 hasta ahora gran parte del sector empresarial israelí ha dependido de los trabajadores palestinos. Ellos saben cómo cuidar nuestra tierra, cómo construir los edificios”, afirma este trabajador de la Gobernación de Jerusalén Este.
No todos están dispuestos a correr el riesgo. Mohamed, nombre ficticio de un palestino de 31 años, perdió su permiso en 2023 y ahora trabaja en una tienda en Ein Arik, a las afueras de Ramala, ganando la mitad de su salario anterior.
“El primer año cuando me quitaron el permiso me quedé sin trabajo. Ahora trabajo en esta tienda y cobro la mitad de lo que cobraba cuando trabajaba en Jerusalén. No me planteo entrar de forma ilegal y creo que ya no volveremos a tener permiso para ir a Israel”, cuenta.
A más de dos años de la medida, el Gobierno de Netanyahu no ha mostrado intención de revertirla, y los palestinos enfrentan esta realidad con resignación, mientras la economía de Cisjordania sigue estancada.