El Super Bowl LX no solo reúne a dos franquicias legendarias como los New England Patriots y los Seattle Seahawks, sino que también enfrenta dos imperios económicos respaldados por figuras clave del mundo empresarial y tecnológico de Estados Unidos. Más allá del trofeo Lombardi, esta final exhibe un choque de estructuras financieras y legados millonarios que trascienden el campo de juego.
El imperio de Robert Kraft: Del papel al poder deportivo
Robert Kraft, propietario de los Patriots, acumula una fortuna estimada en **13.1 mil millones de dólares**, según el Bloomberg Billionaires Index, lo que lo sitúa entre los 250 más ricos del planeta. Su riqueza no nació en el fútbol americano, sino en la industria de empaques y productos forestales. Tras estudiar en Columbia University y cursar un MBA en Harvard, fundó International Forest Products en 1972, una empresa que sentó las bases de su expansión global.
Su salto al deporte se dio en 1994, cuando adquirió a los Patriots por 172 millones de dólares, la cifra más alta en ese momento por una franquicia de la NFL. Kraft no solo apostó por el equipo, sino por todo su entorno: construyó el Gillette Stadium, desarrolló el complejo comercial Patriot Place y consolidó operaciones inmobiliarias y deportivas bajo The Kraft Group, que hoy emplea a miles de personas y opera en más de 90 países.
Una estrategia de control total
A diferencia de otros dueños, Kraft no se limitó al fútbol americano. Su conglomerado incluye al New England Revolution de la MLS y empresas industriales como Rand-Whitney. Su decisión de mantener al equipo en Foxborough, pese a una oferta de 75 millones de dólares para liberar el contrato del estadio, sentó las bases de un modelo de negocio verticalmente integrado, donde cada activo refuerza al otro. Este enfoque impulsó un crecimiento anual de su patrimonio cercano a los 3 mil millones de dólares.
El legado de Paul Allen: Tecnología, deporte y filantropía
Por el otro lado del campo, los Seahawks representan el legado de Paul Allen, cofundador de Microsoft, fallecido en 2018 tras complicaciones por un linfoma no Hodgkin. Su fortuna, que superó los **26 mil millones de dólares** en su momento, se transformó en una influencia duradera dentro y fuera de la NFL. Adquirió a los Seahawks en 1996 por 194 millones de dólares, evitando así que el equipo abandonara Seattle.
Bajo su liderazgo, la franquicia ganó el Super Bowl XLVIII, acumuló múltiples títulos divisionales y se consolidó como una potencia en la NFC. Tras su muerte, el control pasó a un fideicomiso administrado por su hermana, Jody Allen, quien actúa como albacea. A diferencia del modelo directo de Kraft, los Seahawks operan bajo una estructura patrimonial enfocada en cumplir con los deseos filantrópicos de Allen.
¿Se venden los Seahawks?
Ante rumores sobre una posible venta, el equipo fue contundente:
“No comentamos rumores ni especulaciones y el equipo no está en venta. Ahora mismo nos centramos en ganar el Super Bowl”
. Aunque el fideicomiso no tiene planes de desprenderse de la franquicia, sí ha movido activos: recientemente vendió los Portland Trail Blazers de la NBA por cerca de 4.25 mil millones de dólares, con el fin de destinar los recursos a causas benéficas.
Valorización millonaria
Según Sportico, los Seattle Seahawks tienen un valor estimado de **6.59 mil millones de dólares**, colocándolos entre las franquicias más valiosas de la NFL. En caso de una futura transacción, el precio podría oscilar entre 7 mil y 8 mil millones, aunque no existe un cronograma definido. Mientras tanto, la organización mantiene su enfoque en el presente: conquistar el Super Bowl LX.