En Estados Unidos, varios zoológicos han adoptado una original iniciativa cada mes de febrero: permitir que el público asocie el nombre de una expareja a insectos como cucarachas, ratas u otras criaturas poco convencionales. Esta práctica, que arrancó en 2011, se ha convertido en una tradición vinculada al Día de San Valentín y atrae tanto por su enfoque desenfadado como por su propósito benéfico.
Una tradición con propósito
El programa no solo busca entretener, sino también recaudar dinero destinado a la conservación de especies animales. Al convertirse en un fenómeno cultural, ha logrado atraer a miles de participantes que ven en esta acción una forma simbólica de cerrar capítulos sentimentales.
Entre los centros que más destacan en esta campaña está el zoológico del Bronx, en Nueva York, que celebra este año la decimoquinta edición de su programa Ponle nombre a una cucaracha. Los interesados pueden escoger una cucaracha silbadora de Madagascar y asignarle el nombre de una persona querida… o no tan querida.
Un recuerdo inolvidable
Como parte del proceso, quienes participan reciben un certificado personalizado que acredita el nombramiento, convirtiéndolo en un regalo irónico y memorable. La campaña ha trascendido fronteras mediáticas y se ha popularizado en redes sociales, consolidándose como una alternativa fresca frente a los típicos festejos románticos.