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La oposición intenta resurgir con un nuevo frente político: el FADE

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“No a la regresión autoritaria. Sí a la democracia, las libertades y los derechos”, proclama la convocatoria del Frente Amplio Democrático, conocido como FADE, una nueva iniciativa que busca articular a la oposición mexicana frente al proyecto político de la Cuarta Transformación. A pesar del tono esperanzador, el lanzamiento del FADE ha sido recibido con escepticismo, al tratarse de una fórmula ya repetida en múltiples ocasiones desde 2018.

Un frente más en la larga lista de coaliciones fallidas

El FADE se presenta como un instrumento ciudadano con más de 400 firmantes de alto perfil, quienes aseguran que su objetivo es restaurar la democracia y detener lo que denominan un régimen “filo-comunista”. Sin embargo, más allá del discurso, la iniciativa reproduce la misma estrategia fracasada de coaliciones anteriores: reunir a los mismos actores políticos y sociales bajo un nuevo nombre. En este caso, incluso se recuperó el nombre original del frente de 2018, lo que ha generado burlas y críticas sobre la falta de creatividad y autocrítica real.

Desde el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en 2018, la oposición ha lanzado una serie de frentes con resultados desiguales, pero todos con un denominador común: el declive progresivo de sus partidos principales. La primera coalición fue “México al Frente”, integrada por PAN, PRD y MC, que terminó en una contundente derrota. Posteriormente, surgieron “Va por México” en 2021 y “Fuerza y Corazón por México” en 2024, ambas lideradas por los mismos personajes y financistas, como Claudio X. González.

El ciclo interminable de los frentes fallidos

“Si X México”, lanzado en 2020, pretendía ser un movimiento ciudadano independiente, pero en la práctica fue una plataforma de élites con los mismos rostros de siempre. Aunque lograron impedir la mayoría absoluta de MORENA en 2021, este logro fue más producto de las divisiones internas del oficialismo que de una estrategia opositora efectiva. En lugar de capitalizar ese momento, la oposición optó por la confrontación absoluta, negándose incluso a discutir las iniciativas del Ejecutivo, y luego volvió a repetir el esquema con nuevas etiquetas.

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La “Marea Rosa” y el “Frente Amplio por México” fueron más eslabones en esta cadena de intentos fallidos. En 2024, con Xóchitl Gálvez como candidata presidencial, la coalición sufrió una derrota histórica frente a Claudia Sheinbaum, quien logró la mayoría calificada necesaria para impulsar las reformas del llamado “Plan C”.

¿Qué sigue para la oposición?

Ante la reforma electoral impulsada por el gobierno de Sheinbaum, especialmente en torno a la eliminación de diputaciones plurinominales, la oposición no ha presentado una propuesta alternativa con arraigo popular. En cambio, ha respondido con la creación del FADE, una repetición más del guion anterior. La ironía no pasa desapercibida: en inglés, “fade” significa desvanecerse, y eso es precisamente lo que parece estar ocurriendo con los partidos tradicionales. El PRD ya es apenas un recuerdo, el PRI se encuentra al borde de la irrelevancia, y no queda claro qué institución política podría seguir en la lista.

“No a la regresión autoritaria. Sí a la democracia, las libertades y los derechos”

La pregunta que queda en el aire es si esta nueva convocatoria representa un verdadero giro estratégico o solo otro episodio del mismo ciclo de desgaste. Por ahora, todo indica que la oposición sigue sin entender por qué ha perdido terreno: no por falta de frentes, sino por la ausencia de un proyecto de nación creíble, con liderazgos renovados y conexión real con la ciudadanía.

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