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Tarde de gloria taurina con triunfo mayúsculo de Isaac Fonseca en Irapuato

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En una jornada que rozó la perfección, la Plaza de Toros Revolución de Irapuato, Guanajuato, vibró este sábado con una corrida que encendió los ánimos y colmó de júbilo a una multitud entregada. Aunque no todo fue redondo, lo vivido en el coso de la ciudad fresera dejó una estela de arte, valentía y emoción, con la destacada actuación del michoacano Isaac Fonseca, quien se alzó como el gran protagonista al salir a hombros tras cortar tres orejas.

El Huracán de Morelia arrasa

Fonseca, conocido como el Huracán de Morelia, demostró por qué su nombre suena con fuerza en el mundo taurino. Con dominio absoluto, templó al tercero de la tarde y le cortó una oreja, pero fue con el sexto, de la ganadería guanajuatense de San Miguel de Mimiahuápam, que alcanzó el clímax: una faena de profundidad, arte y temple que coronó con el acero, arrancando ambas orejas.

“Vaya que está que vuela el chaval, porque se arrima, se mete a donde huele a cloroformo y redondea espléndidamente con el acero”

, se pudo apreciar en el ambiente entusiasta.

Su actuación fue espléndida, carismática, valiente y efectiva, dejando en claro que el torero moreliano está en un momento de gracia, con una conexión plena entre su arte y el público.

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Silveti y Roca Rey, elegancia y mando

Diego Silveti, con la sapiencia que lo caracteriza, toreó con donosura, soltura y una elegancia que sedujo al tendido. Sus pases de tul y terciopelo resonaron como música, y aunque cortó una oreja y fue fuertemente ovacionado, se quedó en el “casi” al no lograr el segundo trofeo con la espada.

“Uno hubiera querido que redondeara con el metal”

, se escuchó en los comentarios, aunque sin reproche, pues su faena fue de torero superior.

Por su parte, Andrés Roca Rey desplegó una personalidad torera arrolladora. Con mando, temple y una proyección que domina el ruedo, el peruano estructuró orquestaciones sonoras con su lote, provocando entusiasmo y placer en el público.

“Oiga usted, qué pedazo de torero, qué grandilocuente en su trasteo”

. Aunque no logró trofeos por fallos con la espada, su actuación fue ovacionada y celebrada como propia de un elegido.

Fiesta redonda, casi perfecta

La ganadería de San Miguel de Mimiahuápam brindó un encierro de alta calidad: toros bien presentados, bravos y con juego, especialmente el sexto, ideal para el lucimiento. El público, exigente y entregado, casi llenó el coso Revolución, mostrando su apoyo desde Morelia, Celaya, Salamanca, León, Salvatierra, Uriangato y Moroleón —ciudades donde la afición taurina late con fuerza.

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La tarde, aunque no entregó el triunfo completo para los tres espadas, fue celebrada como memorable.

“La tarde fue redonda, aunque el casi rondó porque hubiese querido que los tres toreros oficiaran bien con los aceros”

. Pero ese casi no empañó la gloria: salir toreando de la plaza fue el broche de una fiesta que alimentó el alma. Sin el casi, habría sido perfecta. Así fue, y así se recordará.