Recibir inversión extranjera directa es visto con entusiasmo en México, ya que implica que el país resulta atractivo frente a otros destinos. A diferencia de la inversión de portafolio, este tipo de capital busca instalarse de manera permanente, con horizonte de largo plazo, y suele traer consigo beneficios colaterales como la transferencia de tecnología y experiencias, lo que los especialistas conocen como externalidades positivas.
Condiciones para atraer capital
Para lograr captar estos flujos, el país debe ofrecer dos elementos fundamentales: una expectativa de rendimiento atractivo en comparación con otros mercados, y estabilidad en el marco regulatorio. Esto último significa que las decisiones judiciales o legislativas no se reviertan de manera abrupta ante cambios institucionales, como una nueva integración de la Suprema Corte, y que la ley vigente se aplique con consistencia.
En la más reciente conferencia matutina, el titular de la Secretaría de Economía, Marcelo Ebrard, informó que el monto de inversión extranjera directa (IED) acumulado entre enero y septiembre de 2025 alcanzaría los 40,960 millones de dólares, lo que representa un incremento de 14.5% frente al mismo lapso del año previo. Proyecciones de Banamex sugieren que al cierre de 2025, este flujo podría situarse en 43.2 mil millones de dólares.
Desglose de los flujos de inversión
La información detallada está por confirmarse con la publicación de la Balanza de Pagos del tercer trimestre por parte del Banco de México, documento que aún no estaba disponible al momento del análisis. La IED se clasifica en tres componentes: transacciones intraempresas, reinversión de utilidades y nuevas inversiones. Este último rubro es el más significativo, pues representa capital fresco que llega por primera vez al país. Según las indicaciones del secretario, las nuevas inversiones habrían aumentado de 2 mil a 6.5 mil millones de dólares, pasando de representar 9% a 15% del total de IED.
“La noticia es positiva, sin ningún atisbo de duda.”
Límites del optimismo
A pesar del crecimiento, persisten dos alertas. En primer lugar, el 15% de nuevas inversiones sigue siendo inferior al promedio registrado entre 2015 y 2019, cuando osciló entre 37% y 39%. En segundo lugar, la proporción de IED respecto a la inversión total en el país es baja: al segundo trimestre, apenas representaba 7.7%. Esto indica que, aunque los flujos externos crezcan, no compensan el déficit interno de inversión.
Si bien el ingreso de recursos foráneos refleja ciertas condiciones favorables relativas, no sustituye la necesidad de reactivar el capital nacional. Para un crecimiento sostenido, México requiere fortalecer la certidumbre jurídica como práctica habitual y estimular la inversión doméstica. Celebrar la llegada de IED es válido; suponer que resuelve todos los problemas, no.