Originado en la sabiduría ancestral de la civilización maya, un sistema tradicional de pronóstico del tiempo conocido como las cabañuelas continúa vigente en la actualidad, especialmente durante el primer mes del año. Aunque no contaban con tecnología moderna, los mayas desarrollaron métodos precisos basados en la observación del entorno, particularmente durante enero, mes que marca el pico de la temporada invernal y sirve como base para anticipar las condiciones climáticas anuales.
Un sistema de observación milenario
Según Juan Vázquez Montalvo, meteorólogo del Comité Institucional para la Atención de Fenómenos Meteorológicos Extremos de la UADY, los antiguos mayas destacaban por su dominio en matemáticas, astronomía y meteorología. Gracias a rigurosas observaciones, descubrieron que analizar los patrones climáticos de enero permitía predecir con cierta certeza el comportamiento del clima durante los doce meses siguientes.
El experto destacó la importancia de mantener viva esta práctica ancestral y explicó detalladamente su metodología. El sistema se divide en cuatro ciclos de análisis durante el mes de enero.
El método de las cuatro vueltas
“En enero se hace un análisis de lo que ocurre cada día, son cuatro vueltas de análisis. La primera vuelta va del 1 al 12 de enero, y cada día es un mes. El día primero es enero; 2, febrero; 3, marzo, etc”
, señaló el especialista.
En este esquema, la primera mitad del día representa la primera quincena del mes correspondiente, y la segunda mitad, la segunda quincena. Tras completar la primera vuelta, se inicia la segunda, del 13 al 24 de enero, pero en orden inverso: el 13 corresponde a diciembre, el 14 a noviembre, y así sucesivamente hasta el 24, que vuelve a representar enero.
La tercera vuelta abarca del 25 al 30 de enero, donde cada día simboliza dos meses: el 25 es enero y febrero, el 26 es marzo y abril, y así hasta completar el ciclo. Finalmente, el 31 de enero constituye la cuarta y última vuelta, en la que cada dos horas del día equivalen a un mes del año.
Precisión y relevancia actual
Vázquez Montalvo destacó que, pese a su origen ancestral, este sistema no carece de fundamento. Indicó que las cabañuelas tienen un porcentaje de acierto entre el 50 y 70 por ciento, lo que refuerza su valor como herramienta complementaria en la predicción climática tradicional.
La práctica, profundamente arraigada en la cultura yucateca, sigue siendo observada por comunidades rurales y entusiastas de la meteorología tradicional, quienes ven en ella no solo un método de pronóstico, sino también una forma de conexión con el conocimiento ancestral.