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Fallece a los 78 años Bob Weir, pilar fundamental de Grateful Dead

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Un ícono del rock estadounidense ha dejado de existir: Bob Weir, cofundador de Grateful Dead junto a Jerry Garcia, murió a los 78 años tras enfrentar una prolongada lucha contra el cáncer, falleciendo en compañía de sus seres queridos. Su partida marca el cierre de una era para la música contracultural de Estados Unidos, un legado que trascendió generaciones y que fue sostenido hasta sus últimos momentos por su constante actividad artística.

La voz detrás del ritmo y la armonía

Si bien Jerry Garcia personificaba el espíritu y la creatividad desbordante de la banda, Bob Weir fue el eje estructural que proporcionó coherencia al sonido caótico y expansivo de Grateful Dead. Su estilo único en la guitarra rítmica, así como su voz cálida, marcaron la diferencia en innumerables temas. Además, fue coautor de clásicos esenciales como “Truckin”, “Sugar magnolia”, “Weather Report Suite” y “Hell in the bucket”, que hoy forman parte del canon de la música americana.

La familia del músico confirmó su muerte en un comunicado emitido la noche del sábado, señalando que el deceso se produjo como consecuencia de “problemas pulmonares subyacentes” ligados a un diagnóstico de cáncer dado a conocer en julio. No se revelaron detalles sobre la fecha exacta ni el lugar del fallecimiento.

De San Francisco al mundo: la construcción de un imperio musical

En 1965, cuando un grupo heterogéneo de músicos se asentó en la Bahía de San Francisco, Bob Weir fue quien impulsó la formación de Grateful Dead, forjando una amalgama revolucionaria de rock, folk, blues, country y psicodelia. Su visión fue clave para transformar a la banda en una verdadera jam-band, cuya improvisación y conexión con el público la convirtieron en un fenómeno global.

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Su habilidad para organizar el caos musical generado por Jerry Garcia y Phil Lesh fue fundamental. Con acordes inesperados y una sensibilidad rítmica única, estructuró el sonido que definiría a la agrupación. Esta capacidad lo convirtió en una figura indispensable, tanto en estudio como en escena.

Una carrera más allá de los Grateful Dead

En 1972 lanzó su álbum en solitario Ace, considerado por muchos como un disco de Grateful Dead más, dada la participación total de la banda y su sonido característico. Incluyó joyas como “Playing in the band”, “Mexicali Blues” y “Cassidy”, que con el tiempo integrarían el repertorio en vivo de la formación principal.

Durante décadas, mantuvo viva la llama del grupo con presentaciones en vivo de alto nivel, especialmente destacadas en Colorado, donde su energía y fidelidad al espíritu original impresionaron a fans y críticos. Paralelamente, promovió a nuevas figuras del rock americano como Trey Anastasio, Charlie Starr, Billy Strings y Rick Mitarotonda, encargados de extender el legado del género jam-band.

Un regreso a las raíces

Sus últimos trabajos reflejaron un profundo retorno al folk tradicional. Su álbum Blue Mountain (2016) fue ampliamente elogiado por su autenticidad y profundidad. Asimismo, los dos volúmenes de Live in Colorado, grabados con los Wolf Bros, demostraron cómo revitalizar con respeto y creatividad el catálogo de Grateful Dead. La versión de “Terrapin Station” presentada en estos registros es, para muchos, una obra maestra.

“Qué viaje tan largo y extraño ha sido”

Con esas palabras, Bob Weir cantaba en “Truckin”. Hoy, esa frase resuena como un epílogo perfecto para una vida dedicada a la exploración musical, la meditación y la expansión del arte colectivo. Diferente a la intensidad autodestructiva de Jerry Garcia, fallecido en 1995, Weir representó la pausa, la disciplina y la práctica constante, incluso fundando su propia variante de yoga: el rocket yoga, que cultivó hasta el final.

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