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Cada jornada hacia San Juan, un acto de devoción y gratitud a la Virgen milagrosa

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La peregrinación conocida como la Caravana de la Fe comenzó su recorrido este viernes 23 de enero desde la fracción de Morales, rumbo a San Juan de los Lagos. Para quienes la integran, cada paso no representa un castigo ni una penitencia, sino una profunda manifestación de amor, agradecimiento y fe en la Virgen de San Juan, a quien consideran una intercesora poderosa en sus vidas.

Un viaje espiritual y comunitario

Antes de emprender el camino, los peregrinos fueron despedidos por sus familias frente a la iglesia de Morales, punto de partida de esta travesía que espera concluir el 1 de febrero. Durante diez días caminarán largas distancias, iniciando cada jornada con una misa en los lugares donde hacen parada. Entre los participantes hay personas sanas, enfermas, niños, adultos mayores e incluso algunos en silla de ruedas. La Celadora Mayor, María Dolores Aguiñaga, se encarga de que quienes requieren tratamiento médico lleven consigo sus medicamentos, recetas y tarjetas de salud. El presbítero Félix Cabrera actúa como guía espiritual y confiesa a todos los peregrinos antes de la partida.

La Virgen de San Juan es venerada como una de las imágenes marianas más milagrosas del mundo. Muchos de los asistentes aseguran haber recibido favores por su intercesión: desde curaciones milagrosas hasta soluciones en crisis económicas o injusticias superadas. Otros van con peticiones personales, aunque la mayoría lo hace para agradecer por la salud recuperada o por la protección brindada a sus familias.

Historias de fe y milagros personales

Uno de los peregrinos, José de Jesús, conocido como don Chuy, relata que sufrió de cataratas y, tras encomendarse a la Reina de San Juan, recuperó notablemente la vista. Su hija confirma el hecho y asegura que desde entonces acude cada año para agradecer.

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“Cada año vengo a darle las gracias, porque ella me devolvió la luz”

, menciona emocionado.

Manuel, por su parte, realiza este recorrido por primera vez. Sobrevivió a un accidente vial que considera fue evitado por la intervención de la Virgen, a quien su madre siempre lo ha encomendado. Paloma, otra participante, agradece que su hija adolescente, quien estuvo entubada por complicaciones del Covid, lograra recuperarse completamente.

Durante el trayecto, los peregrinos fortalecen lazos de amistad, recuerdan a quienes ya no están presentes físicamente, pero cuya memoria sienten viva en el camino. Algunos, como el conocido Jorge Chato, se preparan físicamente con ejercicios ligeros antes de iniciar, pero todos coinciden en que el verdadero impulso es la fe.

La Virgen como compañera de camino

Uno de los elementos más simbólicos de la caravana es que varios participantes cargan en sus espaldas una imagen de la Virgen de San Juan.

“La llevamos con nosotros porque sabemos que su manto nos cubre”

, afirma uno de ellos. Este gesto refuerza la sensación de protección divina durante las jornadas.

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La travesía abarca entre 40 y 45 horas de caminata distribuidas en diez días. Aunque el esfuerzo es intenso, no están solos: otros miembros del grupo los acompañan en camionetas, transportando mochilas, tiendas de campaña y alimentos. En las noches, pernoctan en zonas despobladas, donde montan campamento.

Uno de los momentos más conmovedores, destacan los peregrinos, es la generosidad de los habitantes de las comunidades por donde pasan.

“La gente sale a darnos agua, fruta, comida, con el corazón abierto”

, relatan. Esta hospitalidad fortalece su fe y les recuerda el valor de la solidaridad humana.

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